Hablan las paredes de lo que alguna vez fuimos. De las fotos que colgamos, la vida que ganamos, jugamos y prestamos. Hablan las paredes de nuestra historia…de la tuya. De tus primeros pasos y los desayunos en el colegio. De las monedas que perdiste por entre una alcantarilla. De las partidas de Ajedrez y el hombre en la luna. Del amor que encontraste en una caricia suave, justo en la mejilla derecha. Del maní y del tiempo. De tus gafas infinitas y los colores de tus ojos.
Te fuiste y nos dejaste una casa inmensa y vacía. Inmensa y llena de amor. Vacía porque tus llaves y tus pasos ya no suenan en la madrugada. Porque ya no ríes por fuera, sino que sonríes dentro de nosotras.
Gracias Papi. Gracias por tanto, y por todo. Gracias por las palabras que aún recibo en mi mente, y que sé que son tuyas, justo cuando las necesito y ya no estás. No te olvidamos, no te olvidaremos jamás.

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