Me gustó mucho caminar bajo tu sol. Recordar lo que he perdido, amar lo que soy y abrazar lo que tengo. Gracias por tus cielos y caminos; por el pasado, el futuro y el presente. Permanezco.
El cielo que inventaste para mí lo viví en la tierra contigo. Te amé y me amaste como sólo ambos sabíamos. La soledad que hoy siento no tiene nombre, pero se lo daré. Se instala en medio del pecho una tristeza que no había sentido antes, una pérdida como ninguna otra, un corazón que no espera, y que acompasa la ausencia. Estás aquí, aunque ya no estás. Te amo papá. Te amo, te amé desde siempre y te amaré para siempre. Te veo en cada grillo que canta en las tardes cuando cae el sol, te escucho en las manos de los viejos que organizan sus gafas, en las lágrimas que no existen. Te siento en el amor que nos dejaste e hiciste en nosotras.

Estas somos nosotras en la Acrópolis de Atenas. Nosotras sin ti. En medio del sol Taty cantó ‘todo en ruinas como el Partenón’. Nos abrazamos mucho. El cielo fue precioso. Ya pronto dejamos el mediterráneo.
Anocheció y la mamá creó una nueva palabra: Alunecer. Pensamos en los alunizajes y en los aterrizajes. En los viajes que emprendemos. En los puntos de partida que son tantos tantos de llegada. Fue una noche para celebrarnos y amar esta nueva versión de lo que somos con lo que nos falta y nos completa. Cae la noche en Creta y en el mar nos limpiamos las lágrimas que declaramos no son una herida.
Contigo aprendí del amor, de la familia y la generosidad. Del hoy, el instante y la belleza del ahora.

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