Por estos días me cuesta un montón la sonrisa. Aunque no voy a mentir que lo hago, aunque me cuesta. Sí, sigo sonriendo a pesar de todo lo que está pasando y no sé por qué hijueputas. ¿A ustedes también les cuesta la sonrisa por estos días? Tengo un breve recuerdo de hace algunos años.
Llegaba de la universidad y mi hermana me recibió. Tenía las gafas puestas. La miopía de nacimiento había hecho lo suyo. Me miró con cierto temor en los labios y me dijo: «¿Podés por un momento dejar de ser tan feliz?» … Un punto de quiebre.
La sonrisa que incomoda. La sonrisa cínica. La alegría inoportuna en el momento que no debe ser. ¿Ustedes se han puesto a pensar en lo impertinentes que somos los optimistas cuando todo está vuelto mierda? Yo sí.
Justo esta semana llamaron al administrador de mi edificio. Ojo a esto: están poniendo quejas porque es que la niña del 404 «se ríe muy duro». Si hijueputas me río porque no soy capaz de llorar. En todo caso. He estado pensando en qué putas puedo hacer en estos tiempos. En tiempos en donde la ciudad está en llamas. En donde me da miedo salir a la calle. En que soy incapaz de gritar las arengas que llevo por dentro.
Y creo que encontré la respuesta.
Sí, no marcho.
Sí, no estoy en la primera linea.
Parce, pero aquí estoy por si alguien necesita que lo escuchen. Yo sé que suena a una tontería. Pero siento que estamos tan solos, tan tristes, tan aislados.
Hablemos.
Por favor hablemos.

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