Aprendí a amarrarme los cordones de los zapatos -diferente- a como el resto del mundo se amarra los zapatos.
Me enseñó mi tío Jorge.
Le dicen «Negro».
El Negro hacía dos orejitas de conejo con sus cordones tipo nube (gigantes y acolchonaditos), me miraba y se reía.
Entonces después se abrazaban los conejos, una orejita con la otra, y Voilá ¡Yo ya tenía los cordones amarrados!
El amarraba sus Adiddas beisbolistas-blancos-con-aplicaciones-color-verde-baño, y yo mis pisa-huevos impecables e impolutos para ir al colegio.
Es muy lindo saber que él siempre fue diferente, aún cuando todavía no lo sabía.
Todo esto solo para decirte que lo asombroso de la vida está en las pequeñas cosas, y que ojalá nunca te falte la inspiración.
Imagen tomada de beta.film.ai. Amelié (2001), Jean-Pierre Jeunet. https://beta.flim.ai/?ft=shoe&img=12%23beb57fc6-4dfc-472e-a85c-f08389038572

Comparte un comentario