Hoy aprendí que a las palomas, como a los recuerdos, no hay por qué coserlas con fuerza al cuello. Basta con untarles un poco de colbón bajo la lengua y ellas solitas encuentran el camino de regreso a casa.
Hoy aprendí que a las palomas, como a los recuerdos, no hay por qué coserlas con fuerza al cuello. Basta con untarles un poco de colbón bajo la lengua y ellas solitas encuentran el camino de regreso a casa.
Encontré tu blog buscando una imagen en Google y ¡wow! he leído tan solo un poquito y me ha encantado. Voy a pasar aquí siempre. 🙂
Bienvenida a La Rayuela Vanessa! 🙂 Ojalá te gusta jugar un rato por siempre!